La UPN es más importante que PEMEX (Avances para una definición de la pedagogía histórica)©
Luis Eduardo Primero Rivas
Luis Eduardo Primero Rivas
Presentación
Esta comunicación retoma tesis publicadas en los años 2003 y 2005 actualizándolas según los desarrollos alcanzados con el trabajo permanente acerca de la investigación educativa en torno a la pedagogía analógica de lo cotidiano, que hoy produce como tesis de difusión lo anunciado en el título precedente.
Para conocer lo alcanzado pasemos al primer apartado, denominado:
El olvido, la ignorancia y el descuido
En este primer apartado tengo que referirme a la práctica de la instauración del conocimiento en la conciencia colectiva, en tanto la acción educativa debe desembocar en ella, pues debemos enseñar en las instituciones educativas para ir más allá del aula llegando a la conciencia común. Al menos esto puede plantearse como una meta del deber ser educativo.
O al menos esto debe ser así si deseamos intentar que las instituciones educativas lleguen a volver a enseñar a la sociedad, dejando de ser meras reproductoras de saberes caducos ahora existentes sólo en ellas, pues en el mundo actual los conocimientos vigentes son otros y diversos.
En este primer apartado debo referirme a lo destacado y comenzar a objetivar —a realizar— el método expositivo elegido para comunicar las tesis a difundir el cual opera por sutilezas, por matices.
Si es así debemos resaltar dos tesis dichas y por matizar.
La primera asegura que “las instituciones educativas han dejado de enseñarle a la sociedad”, y esto es cierto y falso, verdadero y relativo. Para sacar la proporción adecuada digamos que la grande mayoría de las instituciones dichas han dejando de enseñar a la sociedad convirtiéndose en meras reproductoras de saberes caducos, y que sólo algunas universidades selectas siguen produciendo saber que puede llegar a instaurarse en la sociedad. Y esta misma afirmación debe graduarse. No toda la universidad produce saberes nuevos, y habría que examinar en concreto dónde y cuando lo está haciendo.
La otra tesis de fondo por matizar se refiere a la obsolescencia misma de la institución educativa, pues esta afirmación se refiere —o vincula— al argumento de fondo que animará toda esta exposición, y se enmarca en una consideración histórica de largo plazo, recuperadora del devenir de las instituciones educativas y confrontadora de la conciencia común de nuestra época, la cual opera con lo que he llamado falacia escoliadora[1], distorsión cognitiva que hace creer que educación es igual a escolaridad, y por derivación hace pensar que la Escuela —las instituciones educativas— son de toda la vida.
La verdad es que las organizaciones educativas abiertas a la gente común son históricamente recientes, pues las universidades se fundan en el siglo XII de N. E., y los sistemas nacionales de educación se instauran hasta finales del siglo XIX, concretando instituciones educativas que habían iniciado sus actividades de forma restringida sólo desde el siglo XV y XVI, cuando los maestros libres renacentistas iniciaron su docencia y los líderes del protestantismo histórico comienzan a enseñar en escuelas abiertas al público para popularizar la Biblia, la enseñanza religiosa, traducida a las lenguas nacionales.
La enseñanza abierta —o para todo público— se inicia sólo con la instauración de los sistemas nacionales de educación en el último cuarto del siglo XIX, y lo hace como una necesidad del sistema social triunfante en la modernidad: el capitalismo.
Esto significa que las instituciones educativas son históricamente recientes y que debemos distinguir en ellas varios procesos. En primer lugar la línea laica o civil que las cruza y se asocia con lo mejor de los descubrimientos del saber científico y técnico de la modernidad —que crea gran parte del desarrollo social de la época—; y segundo que en las instituciones educativas modernas se concentrará el proyecto educativo burgués, que concretará las cúspides del Renacimiento y la Ilustración y conseguirá los mejores logros simbólicos de la modernidad.
Recordar es ejercer la memoria
Por un efecto del triunfo generalizado de la educación capitalista —la construcción de ignorancia o la instauración de sus fetiches— tendemos a confundir burgueses con capitalistas, embrollando procesos históricos relevantes.
Y por otros efectos del triunfo dicho tendemos a carecer de memoria y/o a olvidar, por lo cual es necesario repetir para recordar.
En otros lugares y en libros publicados por la Universidad Pedagógica Nacional de México, nuestra universidad, me he referido a la diferencia entre burgueses y capitalistas[2], y en una apretada síntesis recordemos que los burgueses son los siervos de la gleba liberados convertidos en los creadores de las colonias de emigrados asentadas en torno a los castillos feudales y los nuevos propietarios y obreros modernos que al fundar los burgos recibirán el nombre de burgueses; mientras que los capitalistas serán los burgueses de catorceava o quinceava generación —por tanto habitantes del siglo XIX[3]— que ya habrán acumulado tanto capital que sólo se dedicarán a administrarlo y a gozarlo, sin tener que trabajar dura y arduamente como sus ancestros, quienes sí tuvieron que esforzarse no solamente huyendo de los feudos, si no construyendo los burgos iniciales, acumulando los capitales primigenios, realizando los primeros inventos modernos y creando la infraestructura que dará en el siglo XVIII la Revolución Industrial y la posterior eclosión del capital correlativo, con los grandes desarrollos citadinos modernos.
Los burgueses —como siervos de la gleba liberados— tendrán un proyecto libertario y cultural que creará el Renacimiento y la modernidad y poseerán simultáneamente un proyecto educativo para formar personas acordes con sus tiempos, que dará al ser humano moderno, quien por siglos impulsará la libertad y las orientaciones vitales que los distinguirán de los seres humanos medievales, asociados al mundo feudal, históricamente contrapuesto al moderno, el burgués.
Este ser humano será el creador de las orientaciones vitales que crearán la primera revolución burguesa triunfante —la inglesa de Oliverio Cromwell (1642-1649) — y la clásica francesa, que instaurará la tesis de “libertad, igualdad, fraternidad”, creando los íconos de las democracias modernas —o representativas—, y las normas del comportamiento moral civil de la modernidad, las cuales estarán íntimamente asociadas al proyecto cultural burgués —o moderno— que se perderá con la transformación de los burgueses en capitalistas, dado el tránsito recordado e imposible de reconstruir en esta ocasión.
Resumiendo: hay que distinguir entre burgueses y capitalistas, en tanto unos tiene un proyecto cultural e histórico y los otros sólo un proyecto económico y comercial, que explicará como las instituciones educativas que crean durante el siglo XX van perdiendo el poder de establecer conocimiento y se irán convirtiendo en los “aparatos ideológicos de Estado” de los cuales escribieron y hablaron los teóricos de las reproducción, hasta llegar a ser menos que reproductoras para convertirse en maquinarias obsoletas que ni siquiera reproducen el saber que le interesa al Poder, capacidad de mando transnacional que para re-emplazarlas pragmáticamente ha creado nuevas instituciones educativas centradas y concentradas en los medios masivos de difusión, convertidos actualmente en los grandes educadores de la sociedad, en tanto las Escuelas han quedado obsoletas, y simultáneamente al Poder Imperial —concreto en los Estados neoliberales— se ha desinteresado de su financiamiento para impulsar la educación particular y los procesos de privatización de la educación pública.
Si queda clara esta distinción histórica podemos establecer el universo de referencia más importante en esta comunicación —el largo plazo histórico—, para pensar en las grandes épocas del desarrollo de Occidente, y ubicar ahí la tesis de fondo que deseo destacar: los avances para una definición de la pedagogía histórica.
Seguir recordando
En el intento iniciado nos hemos referido a la instauración del conocimiento en la conciencia social, y precisándolo hemos traído a la atención la historia de la modernidad haciendo la distinción recién dicha que nos puede conducir al avance buscado: precisar la definición de la pedagogía de las grandes épocas del desarrollo de la sociedad que nos compete, pero antes de seguir avanzando debemos volver a recordar.
En las comunicaciones recién citadas sobre la definición de la teoría pedagógica y/o de la pedagogía, e íntimamente vinculadas a la actual exposición, he tratado la génesis del concepto de teoría pedagógica y avanzado en la precisión de la definición de la pedagogía, y en cuanto son tesis expuestas desde el año del 2003 e ignoradas —o de plano ninguneadas para utilizar un término del nobel de literatura mexicano—, debemos repetirlas en cuanto el actual contexto lo permite y requiere.
En las comunicaciones recién citadas sobre la definición de la teoría pedagógica y/o de la pedagogía, e íntimamente vinculadas a la actual exposición, he tratado la génesis del concepto de teoría pedagógica y avanzado en la precisión de la definición de la pedagogía, y en cuanto son tesis expuestas desde el año del 2003 e ignoradas —o de plano ninguneadas para utilizar un término del nobel de literatura mexicano—, debemos repetirlas en cuanto el actual contexto lo permite y requiere.
En el año 2003
Dije[4]: “la pedagogía moderna entendida como el impulso y la conceptuación normativa de la práctica educativa… [es] el mejor recurso para regir la conformación del ser humano moderno, el modelo a crear y promover por parte de los burgueses”.
Y: “En este contexto [de la desaparición de los burgueses] y a lo largo del Siglo XX la pedagogía se va convirtiendo en un recurso técnico para la educación escolarizada, perdiendo su carácter de fuerza guiadora para la formación de seres humanos al servicio de la sociedad y de la humanidad, al punto de tender a desaparecer, siendo desplazada por nuevos significados culturales dinámicos de una mayor instrumentación; no obstante, que en las universidades todavía se enseña a la pedagogía como profesión, cada vez más desvirtuada y vilipendiada, a pesar de su valor histórico”.
También: “la pedagogía… en una conceptuación actual debe ser pensada como el impulso con el cual se dirige y norma la actividad formativa del ser humano, y… por su carácter teleológico supone necesaria e imprescindiblemente una idea del ser humano que se desea formar… Dicho de otra manera: la conceptuación dirigente de la actividad educativa ¾la pedagogía¾ siempre está presente en la praxis, aun cuando los objetivos del poder hegemónico sean los de perpetuar la ignorancia construida.”
Así mismo: la “pedagogía teórica… expresa la racionalidad con la cual educamos, con la que fundamos, regimos y dirigimos la acción educativa.”
Y finalmente: “la pedagogía es la racionalidad de la educación”.
Y: “En este contexto [de la desaparición de los burgueses] y a lo largo del Siglo XX la pedagogía se va convirtiendo en un recurso técnico para la educación escolarizada, perdiendo su carácter de fuerza guiadora para la formación de seres humanos al servicio de la sociedad y de la humanidad, al punto de tender a desaparecer, siendo desplazada por nuevos significados culturales dinámicos de una mayor instrumentación; no obstante, que en las universidades todavía se enseña a la pedagogía como profesión, cada vez más desvirtuada y vilipendiada, a pesar de su valor histórico”.
También: “la pedagogía… en una conceptuación actual debe ser pensada como el impulso con el cual se dirige y norma la actividad formativa del ser humano, y… por su carácter teleológico supone necesaria e imprescindiblemente una idea del ser humano que se desea formar… Dicho de otra manera: la conceptuación dirigente de la actividad educativa ¾la pedagogía¾ siempre está presente en la praxis, aun cuando los objetivos del poder hegemónico sean los de perpetuar la ignorancia construida.”
Así mismo: la “pedagogía teórica… expresa la racionalidad con la cual educamos, con la que fundamos, regimos y dirigimos la acción educativa.”
Y finalmente: “la pedagogía es la racionalidad de la educación”.
En el año 2005 afirmé[5]:
“Cuando la racionalidad se especifica o particulariza en las acciones, recursos e intenciones de la formación humana, se define en una racionalidad educativa y sostenemos que es sinónima a la pedagogía.”
“Con esta posición reivindicamos el valor histórico de la pedagogía, [y] afirmamos que expresa una construcción social relevante, que es necesaria; y que no obstante la reducción que sufrió a manos de los capitalistas es un recurso magnífico para buscar una buena formación del ser humano, y puede concretar una política educativa que afirme su importancia, su imprescindibilidad y su poder para dirigir procesos formativos para la vida humana, su cualificación y crecimiento; dinámicas y realizaciones que serán divergentes de las establecidas por las «tergiversaciones pedagógicas»[6] capitalistas y/o posmodernas —que buscan acciones educativas fast track—, y se alejan de lo “lento” de una buena formación humana[7], optando por lo soft, ligth y fast del mundo capitalista globalizado, neoliberal y nítidamente imperial, que nos sojuzga con una carga de muerte creciente, más fuerte que la que criticó George Orwell en su magnífica novela 1984, y que hoy nos imponen con los Big Brothers actuales, como ya indiqué en mi primera ponencia en este ciclo de Simposios[8].”
“La definición dada de pedagogía nos la presenta como la norma de la práctica educativa que establece el cómo, cuando y donde formar, y el contexto general de lo dicho afirma que siempre está presente en la acción educativa, aun cuando un agente particular y/o singular la desconozca por ignorante, perverso o claramente embaucador.”
“Si les hemos transmitido correctamente el argumento ofrecido habrán de concluir que la pedagogía es la racionalidad histórica con la cual un agente social realiza su proyecto de formación de las personas requeridas por la sociedad que construye”.
Repetir, repetir, repetir es un buen recurso pedagógico
Con lo dicho desde el año 2003 y repetido en el 2005, se pueden obtener muchos aportes; sin embargo, desde textos ahí mismos publicados debemos seguir escribiendo y hablando, para recordar tesis vinculadas a las definiciones dadas de la pedagogía, como esta:
“Pensamos que a mediados del siglo XX, y como una reacción a la desaparición de la pedagogía de los parámetros de interés del capitalismo, algunos intelectuales de la educación intentan recuperarla formulando el concepto de «teoría pedagógica», el cual reclama oponerse al instrumentalismo ambiente para resaltar la importancia de un pensamiento pedagógico que pretenda una mejor formación humana”[9].
“Para sintetizar: en la mejor de las conceptuaciones deberíamos trabajar con una pedagogía y no con una «teoría pedagógica», pues este término reivindicativo y reactivo de la segunda mitad del siglo XX se ha tornado equívoco, difícil de conceptuar y escurridizo en la polisemia que ha conllevado, y en todo caso, y en una definición pragmática, debería significar pensamiento pedagógico, con lo cual connotaría la parte teórica de la pedagogía, o una pedagogía teórica que expresa la racionalidad con la cual educamos, con la que fundamos, regimos y dirigimos la acción educativa”.
“Como tesis estelar en el contexto de este Simposio manejamos la idea que la teoría pedagógica es una construcción conceptual compensatoria ante la instrumentación de la pedagogía, que buscó recuperar su parte doctrinaria; y que hoy debe ser reemplazada por el significado original de la pedagogía recuperando lo dicho, que supone que es más, mucho más que instrumento de la escolarización ¾y por tanto recurso operativo para un proyecto político de una clase social¾, y que posee supuestos conceptuales, articulaciones categoriales, métodos y técnicas de trabajo que definen su sistemacidad, y su importancia para el bien común.”
“Pensamos que a mediados del siglo XX, y como una reacción a la desaparición de la pedagogía de los parámetros de interés del capitalismo, algunos intelectuales de la educación intentan recuperarla formulando el concepto de «teoría pedagógica», el cual reclama oponerse al instrumentalismo ambiente para resaltar la importancia de un pensamiento pedagógico que pretenda una mejor formación humana”[9].
“Para sintetizar: en la mejor de las conceptuaciones deberíamos trabajar con una pedagogía y no con una «teoría pedagógica», pues este término reivindicativo y reactivo de la segunda mitad del siglo XX se ha tornado equívoco, difícil de conceptuar y escurridizo en la polisemia que ha conllevado, y en todo caso, y en una definición pragmática, debería significar pensamiento pedagógico, con lo cual connotaría la parte teórica de la pedagogía, o una pedagogía teórica que expresa la racionalidad con la cual educamos, con la que fundamos, regimos y dirigimos la acción educativa”.
“Como tesis estelar en el contexto de este Simposio manejamos la idea que la teoría pedagógica es una construcción conceptual compensatoria ante la instrumentación de la pedagogía, que buscó recuperar su parte doctrinaria; y que hoy debe ser reemplazada por el significado original de la pedagogía recuperando lo dicho, que supone que es más, mucho más que instrumento de la escolarización ¾y por tanto recurso operativo para un proyecto político de una clase social¾, y que posee supuestos conceptuales, articulaciones categoriales, métodos y técnicas de trabajo que definen su sistemacidad, y su importancia para el bien común.”
A riesgo de cansarlos
Pero facilitando otros desarrollos finalicemos este recuento de lo publicado rememorando una frase dicha en el libro En nombre de la pedagogía (p. 65):
“De ser cierto esto como en verdad lo es, reivindicamos el valor histórico de la pedagogía, su capacidad de establecer racionalidades educativas y su imprescindibilidad en la acción educativa, e implicamos que un buen agente educativo debe ser consciente de la pedagogía que realiza, en tanto y mínimamente, debe tener claros los objetivos formativos que busca construir con su acción educativa y esta nitidez de metas, está condicionada por la pedagogía que norma su actividad formativa”.
Con lo dicho
Basta para estar seguro de haberles aportado a los lectores atentos y a los auténticos interesades[10] en estos trabajos, material fructífero para los diálogos que ojalá produzcan; no obstante, hay más por decir, en tanto la tesis más llamativa de esta comunicación —la UPN es más importante que PEMEX— está por exponerse y debemos avanzar en el subtítulo de esta exposición, referido a los “avances para una definición de la pedagogía histórica”.
Con lo dicho y ahora recordado basta para ofrecer un argumento reivindicativo de la pedagogía, que como norma de la práctica educativa se asocia a una definición amplia de educación que recusa a la falacia escoliadora y amplía el campo de trabajo del pedagoge más allá, mucho más allá de la Escuela para permitirle —y exigirle— trabajar en ámbitos educativos hasta ahora descuidados y dejados al cuidado de otros profesionales y profesionistas, como psicóloges, socióloges, médiques, abogades, trabajadores sociales y un largo etcétera identificador de personas ocupadas en labores educativas pero sin formación específicamente pedagógica.
Basta pensar en las actividades educativas en centros escolares de atención a necesidades especiales; en las prácticas de los institutos electorales dedicados a la educación ciudadana; las acciones educativas efectuadas en clínicas y hospitales ahora identificadas con el nombre de pedagogía hospitalaria; las actividades formativas realizadas por abogades en los procesos jurídicos o directamente en el sistema carcelario, donde se supone se ubican a los reclusos para su re-educación social.
Creo que el argumento va quedando claro, pero un poco de mayor ilustración viene bien, recordando que en los programas de las oficinas del sistema nacional para el desarrollo de la familia —el DIF—, encontramos programas de educación familiar y ahí mayoritariamente a trabajadores sociales y educadores comunitarios antes que pedagoges; en los programas de los institutos para la juventud y las mujeres, damos con idéntica situación; y no se diga con el amplio campo de las organizaciones de la sociedad civil —o el mundo de las ONG’s—, que poseen amplios programas educativos asociados a los derechos humanos, la ecología, el desarrollo sustentable, y otro largo etcétera que seguro nos lleva lejos.
No obstante, basta preguntarle
A les estudiantes de pedagogía sobre su futuro productivo y la inmensa mayoría pensarán sólo en la Escuela —en las instituciones educativas— como su campo propio de trabajo e incluso exclusivamente referirán la docencia como universo laboral. ¿A qué se debe esta pobreza de miras?
Nueva investigación por emprender
Una característica de las publicaciones tomadas como referencia central de esta comunicación es que han informado de investigaciones realizadas en torno al conocimiento y uso de la pedagogía y/o teoría pedagógica por docentes de la Universidad Pedagógica Nacional de México —la primera dio a saber la falta de una definición del tema por docentes que enseñaban la materia y la segunda averiguó lo mismo en la docencia de la materia de Epistemología y Pedagogía— y en esta cambiamos de estrategia expositiva para connotar otro tipo de indagación y proponer algo diverso: en esta nueva ocasión podría investigarse acerca de las opciones profesionales de los alumnos de la licenciatura en pedagogía en las universidades mexicanas que la imparten, buscando conocer sus alternativas profesionales, entre las cuales creemos prevalecerá la falacia escoliadora, en tanto, muy probablemente pocos, pensarán en opciones laborales post-escolares. De todas formas habrá que verse.
Mientras tanto podemos sostener que la falacia escoliadora —y sus consecuencias— es la explicativa de las pobres opciones laborales y productivas concebidas por el alumne promedio de la licenciatura en pedagogía, y que esta situación tenderá a remediarse si logramos establecer un concepto de la pedagogía histórica que vuelva a renovar el poder de la pedagogía y abra horizontes para la práctica educativa y la reflexión atingente.
Instaurar en la conciencia colectiva —o común— el concepto resaltado llevará tiempo, esfuerzo y un atrevimiento colectivo de les interesades en la pedagogía, que a su vez exigirá una construcción teórica minuciosa inspirada en una suficiencia conceptual e histórica que ubique a los partícipes en la frontera del saber actual sobre educación y pedagogía, y los haga dignos representantes del mejor distinguir que podamos construir sobre este campo de trabajo, agentes de una conciencia educativa poderosa.
Creer o no creer, he ahí el dilema
Desde hace mucho tiempo pienso que la creencia es central en la acción humana[11], pero es hasta hace poco tiempo que sé por qué. La creencia es el saber consolidado que el ser humano tiene sobre algo y como saber es el impulso de la acción; y como tal es una integración de energías simbólicas que pueden ser tanto icónicas como idólicas, pero siempre fuerza de la actividad.
Esta tesis supone la existencia de la subjetividad y conlleva —en el contexto para definir conceptos, circunstancia que ahora nos concentra— una epistemología diversa a la aún hegemónica —la propia del univocismo empiro-positivista— que reconozca al conocimiento como una actividad humana, condicionada onto-antropológicamente, antropológica, social e históricamente, que se dinamiza por las dichas energías simbólicas y se objetiva por —o en— los resultados de la acción, y —en el contexto del trabajo profesional— en los productos de las comunidades intelectuales, sus correlativos colectivos prácticos (o de trabajo) vía las ahora llamadas “comunidades de debate”, las instancias de validación de los saberes producidos y los medios para instaurar el saber en las comunidades intelectuales, primera instancia para hacer llegar el conocimiento a la conciencia colectiva o común.
Y si este es un objetivo plausible del trabajo profesional en educación, deberemos esforzarnos en construir y difundir un concepto fuerte de pedagogía histórica, para cumplir tantas metas como podamos concebir, pero especialmente para volver a la labor fundamental de la pedagogía: ser norma para construir las personas requeridas por la sociedad.
Esta tesis tan sencilla, diverge radicalmente de la idea educativa del capitalismo —y del actual capitalismo imperial y/o globalizado—, pues sus ideólogos e idólogos[12] sostienen que hay que producir personas para el capital, y no para la sociedad; pues ésta es un mal necesario que habrá que superar para concentrarse en lo importante: impulsar el capitalismo y su Estado consecuente, hoy más regido por la para-legalidad que por cualquier tipo de ley jurídica y/o moral.
Y si ésta es una meta plausible lograremos volver al sentido histórico que la pedagogía ha tenido en la historia de Occidente fortaleciendo a la sociedad y por tanto al ser humano, con todas sus instancias de objetivación —la nación, las comunidades y las personas—, lo cual sin duda conllevará un enriquecimiento humano y no del capital.
Esta situación es cierta pero hay que creer en ella, pues la creencia es lo dicho y también el motor de la lucha —del pólemos conceptuado desde los griegos—, fragor y combate presente en la actividad social, pues en ella se contraponen los intereses, y la lucha es el germen de todo género de confrontaciones.
Será en la comunidad de debate que logremos construir con el espacio que nos reúne, donde se logren dilucidar estas tesis, que permiten pasar al penúltimo apartado, que nos conduce a la idea más llamativa de las dichas:
Esta tesis supone la existencia de la subjetividad y conlleva —en el contexto para definir conceptos, circunstancia que ahora nos concentra— una epistemología diversa a la aún hegemónica —la propia del univocismo empiro-positivista— que reconozca al conocimiento como una actividad humana, condicionada onto-antropológicamente, antropológica, social e históricamente, que se dinamiza por las dichas energías simbólicas y se objetiva por —o en— los resultados de la acción, y —en el contexto del trabajo profesional— en los productos de las comunidades intelectuales, sus correlativos colectivos prácticos (o de trabajo) vía las ahora llamadas “comunidades de debate”, las instancias de validación de los saberes producidos y los medios para instaurar el saber en las comunidades intelectuales, primera instancia para hacer llegar el conocimiento a la conciencia colectiva o común.
Y si este es un objetivo plausible del trabajo profesional en educación, deberemos esforzarnos en construir y difundir un concepto fuerte de pedagogía histórica, para cumplir tantas metas como podamos concebir, pero especialmente para volver a la labor fundamental de la pedagogía: ser norma para construir las personas requeridas por la sociedad.
Esta tesis tan sencilla, diverge radicalmente de la idea educativa del capitalismo —y del actual capitalismo imperial y/o globalizado—, pues sus ideólogos e idólogos[12] sostienen que hay que producir personas para el capital, y no para la sociedad; pues ésta es un mal necesario que habrá que superar para concentrarse en lo importante: impulsar el capitalismo y su Estado consecuente, hoy más regido por la para-legalidad que por cualquier tipo de ley jurídica y/o moral.
Y si ésta es una meta plausible lograremos volver al sentido histórico que la pedagogía ha tenido en la historia de Occidente fortaleciendo a la sociedad y por tanto al ser humano, con todas sus instancias de objetivación —la nación, las comunidades y las personas—, lo cual sin duda conllevará un enriquecimiento humano y no del capital.
Esta situación es cierta pero hay que creer en ella, pues la creencia es lo dicho y también el motor de la lucha —del pólemos conceptuado desde los griegos—, fragor y combate presente en la actividad social, pues en ella se contraponen los intereses, y la lucha es el germen de todo género de confrontaciones.
Será en la comunidad de debate que logremos construir con el espacio que nos reúne, donde se logren dilucidar estas tesis, que permiten pasar al penúltimo apartado, que nos conduce a la idea más llamativa de las dichas:
La UPN es más importante que PEMEX
Es conocido que el petróleo —la materia prima por excelencia del siglo XX— se acabará en unos cuarenta años[13], por lo cual también es sabido que los grandes capitales, las universidades y los centros de investigación de las pocas naciones aún independientes, se esfuerzan en obtener fuentes alternativas de energía, preferiblemente renovables.
La extinción del petróleo conllevará la desaparición de Petróleos Mexicanos o su transformación en otra empresa, que en todo caso habrá de cambiar de nombre pues no habrá petróleo para transformar.
Por el contrario, la educación —sea la que sea— es un bien renovable, indispensable para el desarrollo sustentable de las naciones, comunidades y personas, y en consecuencia una universidad dedicada a la educación es, evidentemente, más importante que PEMEX.
Esta tesis es irrebatible pero hay que creer en ella, y ojalá la creencia que la promueva sea icónica y científica y no meramente publicitaria y débil. Si esta idea llega a obtener una buena instauración en la conciencia colectiva, la educación tendrá un porvenir mayor y mejor que el petróleo y quizá sería conveniente repasar todo lo que produjo (desde fuentes de energía a tantas formas del plástico, pasando por las instituciones que manejan la energía y la industria del petróleo), para analogar las posibilidades de la educación como un proyecto histórico de nuevas comunidades, que se fijen metas de desarrollo diversas a las del capital, y busquen el enriquecimiento humano, con su consecuente desarrollo.
Esta última sugerencia es otro trabajo por emprender, y para comenzar a considerar las tesis expuestas, es conveniente cerrar la presente exposición, con la finalidad de apreciar si puede ser útil a la —o las— comunidades de debate que podamos promover.
La extinción del petróleo conllevará la desaparición de Petróleos Mexicanos o su transformación en otra empresa, que en todo caso habrá de cambiar de nombre pues no habrá petróleo para transformar.
Por el contrario, la educación —sea la que sea— es un bien renovable, indispensable para el desarrollo sustentable de las naciones, comunidades y personas, y en consecuencia una universidad dedicada a la educación es, evidentemente, más importante que PEMEX.
Esta tesis es irrebatible pero hay que creer en ella, y ojalá la creencia que la promueva sea icónica y científica y no meramente publicitaria y débil. Si esta idea llega a obtener una buena instauración en la conciencia colectiva, la educación tendrá un porvenir mayor y mejor que el petróleo y quizá sería conveniente repasar todo lo que produjo (desde fuentes de energía a tantas formas del plástico, pasando por las instituciones que manejan la energía y la industria del petróleo), para analogar las posibilidades de la educación como un proyecto histórico de nuevas comunidades, que se fijen metas de desarrollo diversas a las del capital, y busquen el enriquecimiento humano, con su consecuente desarrollo.
Esta última sugerencia es otro trabajo por emprender, y para comenzar a considerar las tesis expuestas, es conveniente cerrar la presente exposición, con la finalidad de apreciar si puede ser útil a la —o las— comunidades de debate que podamos promover.
Bibliografía citada
1. Esteban Ortega, Joaquín, “La radicalización trágica de la pedagogía hermenéutico-analógica”, en Estudios Filosóficos, Volumen LIV, #·156 (mayo-agosto del 2005), Instituto
2. Gaceta de la UPN, # 36, Noviembre del 2008, artículo “Para todes aquelles interesades en la hermenéutica”, ps. 6-7.
3. Primero Rivas, Luis Eduardo, “Definición y significado de una teoría pedagógica” en La necesidad de la pedagogía, UPN Editor (Colección Archivos # 13), México, 2003 (ISBN 970-702-107-1), ps. 55-65.
4. Primero Rivas, Luis Eduardo, “Reconocimiento de la pedagogía con un estudio de caso”, en el libro En nombre de la pedagogía, UPN Editor (Colección Archivos 17), México, 2005 (ISBN 970-702-170-5), ps. 61-76.
5. Primero Rivas, Luis Eduardo, Epistemología y metodología de la pedagogía de lo cotidiano, Primero Editores (Col. Construcción Humana), México, 2002 (ISBN 970-92466-7-4).
6. Primero Rivas, Luis Eduardo, Coordinador, La educación hermenéutica para la universidad futura, co-edición Plaza y Valdés – UPN México, en proceso de edición.
7. Valleriani, Antonio, Coordinador, Emancipación y tragedia en filosofía de la educación (en torno a la pedagogía analógica de lo cotidiano), co-edición Editorial Plaza y Valdés – UPN México (Colección Biblioteca de Filosofía y Educación), México, 2008.
México D. F., 21 de marzo del 2009
© Registro en el INDAUTOR: 03-2009-032613140400-01 de fecha 15 de abril del 2009.
[1] Véase sobre este concepto el libro Emancipación y tragedia en filosofía de la educación (en torno a la pedagogía analógica de lo cotidiano), Antonio Valleriani, Coordinador, co-edición Editorial Plaza y Valdés – UPN México (Colección Biblioteca de Filosofía y Educación), México, 2008, ps. 129, 131, 290 y 293
[2] Véase en el contexto directo de esta comunicación las publicaciones “Definición y significado de una teoría pedagógica” en La necesidad de la pedagogía, UPN Editor (Colección Archivos # 13), México, 2003, (ISBN 970-702-107-1), ps. 55-65; y “Reconocimiento de la pedagogía con un estudio de caso”, en el libro En nombre de la pedagogía, UPN Editor (Colección Archivos 17), México, 2005 (ISBN 970-702-170-5), ps. 61-76.
[3] Esta cuenta parte de sostener que las primitivas generaciones burguesas surgen en Europa en el siglo XI de Nuestra Era, y suponer dos generaciones por siglo, lo cual lleva a afirma que los burgueses de pura cepa iban sobre las generaciones dichas en el siglo XIX.
[4] Las referencias siguientes se hacen sobre el texto citado del libro La necesidad de la pedagogía, y particularmente de las ps: 57,59, 63, 63 y 64.
[5] Las referencias se encuentran en el libro En nombre de la pedagogía, ed. cit., y en concreto en las páginas: 63, 64 y 68.
[6] Este término fue formulado por Fernando Dávila Monroy, Doctor en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional de México, y hoy profesor en la Benemérita Escuela Nacional de Maestros.
[7] Tomo la idea de una “pedagogía lenta” de la publicación de Joaquín Esteban Ortega “La radicalización trágica de la pedagogía hermenéutico-analógica”, en Estudios Filosóficos, Volumen LIV, #·156 (mayo-agosto del 2005), Instituto Superior de Filosofía / Editorial San Esteban, Valladolid / Salamanca, España, p. 255; y este asunto también surge en el libro Emancipación y tragedia en filosofía de la educación (en torno a la pedagogía analógica de lo cotidiano), véase las páginas: 217 y 272.
[8] Cfr. el libro La necesidad de la pedagogía, ahora retomado en esta nueva comunicación.
[9] Es un texto de La necesidad de la pedagogía, y aparece en las ps: 59-60. Las frases siguientes se encuentras en las páginas 63 y 64.
[10] Esta nota de pie de página aclara que no ha habido un error de impresión en el término de “interesade”, si no que corresponde a un proyecto de mejorar el idioma que hablamos, que ya tuvo una breve presencia en la Gaceta de la UPN, cfr. # 36, Noviembre del 2008, ps. 6-7; el cual simultáneamente impulsa un proyecto de desarrollo humano que avanza soterradamente y espera instaurarse algún día en la conciencia colectiva.
[11] Prácticamente con esta tesis inicia mi libro Epistemología y metodología de la pedagogía de lo cotidiano, Primero Editores (Col. Construcción Humana), México, 2002 (ISBN 970-92466-7-4)
[12] Entiendo por “idólogo” al creador de ídolos, de energías idólicas destinadas expresamente a confundir, engañar, perturbar y finalmente desmovilizar de la acción eficaz, y claro, crítica de la sociedad establecida o convencional. Por el contexto se percibe la diferencia con “ideólogo”, aquel que reproduce el sabe común de una época, una ideología, el conocimiento cotidiano de una sociedad. Puede verse un desarrollo de esta tesis en el Anexo 2 del libro La educación hermenéutica educativa para la universidad futura [co-edición Plaza y Valdés – UPN México, 2009 (en proceso de edición)], titulado “La pedagogía para la revolución desde los parámetros de la pedagogía analógica de lo cotidiano”.
[13] Hay multitud de información sobre este punto, y quizá la más fácil de consultar está en Internet. Véase, por ejemplo: http://www.publico.es/dinero/126394/2050/vida/petroleo; también: http://eco.microsiervos.com/energia/2020-fin-petroleo.html
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